Cementado de prótesis fija: qué cemento para cada material

Cementado de prótesis fija: qué cemento para cada material

El cementado es el último eslabón de la prótesis fija y el que menos margen de error perdona: una corona bien diseñada y bien fresada puede fracasar por un protocolo de cementado que no corresponde a su material. La confusión es comprensible, porque la respuesta correcta cambió con los materiales: lo que funciona para una metal-cerámica no es lo óptimo para una carilla de disilicato, y el zirconio tiene reglas propias que contradicen la intuición cerámica. Esta guía ordena el criterio en dos preguntas (¿la preparación es retentiva? ¿el material es grabable?), repasa el protocolo por material y aclara qué parte puede dejar resuelta el laboratorio antes de que la pieza llegue a la clínica. Como siempre, la elección clínica final es del odontólogo; el objetivo aquí es que la decisión sea informada y rápida.

Convencional o adhesivo: las dos preguntas que ordenan todo

La primera pregunta es geométrica: ¿la preparación es retentiva? Un muñón con altura suficiente y conicidad moderada retiene la corona por fricción, y entonces el cemento solo sella: puede usarse cementado convencional (vidrio ionómero o vidrio ionómero modificado con resina), rápido, tolerante a la humedad y fácil de limpiar. Cuando la preparación es corta, muy cónica o la pieza es fina y trabaja pegada (carillas, incrustaciones, puentes adhesivos), la retención debe crearla la química: cementado adhesivo con cemento de resina, más exigente en aislamiento y pasos, pero capaz de unir la pieza al diente y de reforzar cerámicas frágiles. La segunda pregunta es del material: ¿es una cerámica grabable con ácido fluorhídrico (disilicato, feldespática) o no grabable (zirconio, metal)? De esa respuesta sale el tratamiento interno de la pieza, que es donde más errores se cometen.

Zirconio y metal-cerámica: la vía convencional, con matices

Para coronas y puentes de zirconio o metal-cerámica sobre preparaciones retentivas, el cementado convencional con vidrio ionómero modificado con resina es la vía más usada y la más tolerante. Si se quiere unión química adicional (preparaciones justas, coronas cortas), el cemento de resina autoadhesivo es el término medio práctico. La regla que hay que recordar con el zirconio: no se graba con ácido fluorhídrico, por mucho que la costumbre cerámica lo pida; su tratamiento correcto es el arenado suave con alúmina (en torno a 50 micras a baja presión) más un primer con monómero MDP, que sí crea unión química con el óxido de zirconio. Y una precaución de secuencia: si la pieza se prueba en boca, la saliva contamina la superficie y reduce la adhesión; antes de cementar hay que limpiarla (los limpiadores alcalinos específicos funcionan mejor que el simple enjuague). El repaso de cada material está en la guía de materiales.

Disilicato, feldespática y carillas: la vía adhesiva

Las cerámicas vítreas se llevan el protocolo contrario: aquí el grabado con ácido fluorhídrico sí es el paso clave (como referencia de fabricante, unos 20 segundos en disilicato de litio y en torno a 60 en feldespática), seguido de silano, que hace de puente químico entre la cerámica y la resina. Con la pieza así tratada, el cemento de resina completa una unión que además refuerza la cerámica: por eso las carillas finas y las incrustaciones se cementan siempre por vía adhesiva, nunca con cementos convencionales. En carillas, el matiz extra es óptico: el cemento participa en el color final, así que se elige un cemento de fotopolimerización (más estable de color) y se valida antes con pastas de prueba, como se explica en la guía de carillas. El aislamiento riguroso, idealmente con dique, deja de ser opcional en esta vía: la adhesión no perdona la humedad.

Qué puede dejar resuelto el laboratorio

Parte del protocolo puede viajar hecha desde el laboratorio, y conviene acordarlo una vez en lugar de improvisarlo caso a caso: el interior del zirconio puede llegar arenado, la cerámica vítrea puede llegar grabada (con el matiz de que, si se prueba en boca después, habrá que limpiar y reactivar la superficie), y cada pieza puede acompañarse de su indicación de cementado por escrito: familia de cemento recomendada, tratamiento interno ya realizado y pasos que quedan en clínica. Ese acuerdo evita los dos errores más caros: grabar zirconio con fluorhídrico y cementar una carilla con cemento convencional. En pilares con perno o muñón oscurecido, la elección de la opacidad del cemento se coordina con lo dicho en la guía de endodonciados. Para protocolizar el cementado con nosotros (qué llega tratado y qué queda en clínica), contacta con el laboratorio.

Preguntas frecuentes

¿Con qué se cementa una carilla de porcelana?
Por vía adhesiva siempre: grabado con ácido fluorhídrico, silano y cemento de resina, preferiblemente de fotopolimerización por su estabilidad de color, validando el efecto óptico con pastas de prueba. Un cemento convencional no retiene ni refuerza una carilla.

¿El zirconio se graba con ácido fluorhídrico?
No: el zirconio no es una cerámica grabable. Su tratamiento correcto es el arenado suave con alúmina y un primer con monómero MDP, que crea la unión química. El grabado con fluorhídrico no mejora la adhesión al zirconio.

¿Sirve el cemento autoadhesivo para todo?
No. Es una opción práctica excelente en coronas y puentes sobre preparaciones razonablemente retentivas, sobre todo de zirconio o metal. En carillas, incrustaciones y piezas sin retención mecánica hace falta la vía adhesiva completa, con tratamiento de la pieza y adhesivo dentinario.

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